Naufragio

El sábado, 31 de Octubre, de 1981 parecía un día normal en el puerto de Los Mármoles. Sin embargo, un carguero lleno de troncos procedentes de Costa de Marfil se acercó al muelle con una vía de agua en su casco. El trágico final era inevitable y solo se podían paliar males mayores. Por ello, y para evitar que se hundiese en la zona de fondeo del puerto, impidiendo la entrada y salida de cualquier embarcación, fue remolcado hasta una pequeña cala, junto al depósito de combustibles en Las Caletas.

El combustible y el cargamento de madera fue extraído, pero el Telamon se ha convertido en parte del paisaje, un elemento que ya no es extraño. Durante un tiempo singular morada de ocupas e indigentes y hoy, visitado por submarinistas, curiosos y algún que otro fotógrafo.

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El barco semihundido tan cerca de la costa ofrece un sinfín de posibilidades. Sin embargo, yo soy un gran amante de la hora azul y ese debía ser el momento para hacer la foto.

Costó, ya que la nubosidad no daba lugar a todo el esplendor que es capaz de mostrar esa hora mágica. Cuando logré un día aceptable, busqué un encuadre un poco diferente, coloqué el trípode lo más bajo que pude para mostrar también parte de las rocas de la cala.

El objetivo a 35mm ISO 200 f/8 y 30 segundos de exposición para lograr este resultado.

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Vuelo 1877

El día se acaba, cae la luz del sol y la frenética actividad disminuye poco a poco. Las calles se van vaciando, el trafico es menos denso y la vida se vuelve más apacible. Sin embargo un estruendo parece romper el cielo; el vuelo 1877 despliega su tren de aterrizaje y se aproxima a la pista 30 del aeródromo bizkaino, sobrevolando nuestras cabezas y deleitándonos con una preciosa estampa.

Mikel Goikoetxea

Aurten Bai!!!

Mañana es el gran día. El Athletic tiene una nueva oportunidad de levantar una copa. No será fácil, debe enfrentarse de nuevo al FC Barcelona. Un Barcelona en un gran momento de forma y con una calidad infinita en las botas de sus jugadores, pero nadie dijo que una final fuese fácil, que saborear la gloria tuviese un precio bajo. Para tocar el cielo con los dedos antes es necesario bajar a los infiernos y luchar, luchar como si no hubiera un mañana, como si cada segundo fuese el último y pelear por lo que ansías.

Con todo el respeto del mundo hacia mis amigos y amigas culés, esta vez ya toca. Ya es hora, treinta y un años después, la Gabarra debe volver a surcar las aguas de la ría bizkaina.

Mikel Goikoetxea